María Zambrano, levántate y ven

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María Zambrano es considerada figura clave del patrimonio cultural y del atractivo turístico de la ciudad de Málaga, de ahí la importancia de continuar trabajando para potenciar su vida y obra, lo cual se ha impulsado recientemente con la recuperación del Centro de Estudios Sobre el Exilio, como un centro de documentación único en España.


3 de abril de 2025 Hora: 11:56

A María Zambrano se le reconoce como la figura femenina más importante del pensamiento español del siglo XX.

Nacida en Vélez-Málaga, un 22 de abril de 1904, responde a su idea de que pensar es “descifrar lo que se siente”. Su talento y disciplina de estudios la llevaron a superar las barreras impuestas por su época; a ello contribuyó el hecho de ser hija de pedagogos y que su padre era hombre de ideas progresistas y estrechos nexos con la intelectualidad española.

Es bien sabida la influencia que José Ortega y Gasset ejerció en María Zambrano, a quien siempre se consideró su discípula, maravillado de encontrar en ella -¡una mujer!- las dotes de un filósofo. El temprano influjo de Ortega quedó superado por la razón poética zambraniana, donde también la intuición despierta la conciencia con la misma fuerza.

La “razón poética” la utiliza como instrumento de exploración del pensamiento, con la presencia de filósofos tan andaluces y españoles, como Séneca, Ibn Gabirol, Suárez. Se cita también la influencia de Spinoza y Unamuno, entre otros, como fuente del pensamiento español. María Zambrano es amiga del poeta Miguel Hernández, del narrador Camilo José Cela y de otros intelectuales, pues Antonio Machado es compañero de su padre.

La Guerra Civil Española (1936-1939) provocó que María Zambrano saliera de España con su marido, el historiador Alfonso Rodríguez Aldave, secretario de la Embajada española en Chile. Vuelve a España en 1937 para apoyar en las guarderías infantiles e impartir clases, pero el conflicto bélico la hace seguir viaje. Primero llega a Valencia junto a muchos intelectuales. En 1938 vive en Barcelona y al año siguiente cruza a Francia con su familia, para partir hacia México.                            

Inicialmente el exilio fue en América (1939-1953). Llega a Morelia (México), a La Habana (Cuba) y a San Juan (Puerto Rico), siempre con un estado económico precario, compulsada a la incansable labor de libros tan importantes dentro de su trayectoria, como el ensayo La violencia europea (1941), perteneciente al libro La agonía de Europa o El hombre y lo divino (1955), entre otros.

Retornó a España en 1984, donde la recibió el Director General del Libro. En Madrid desarrolla una fecunda actividad intelectual hasta 1986, publicando De la aurora (1986), Notas de un método (1989) y Los bienaventurados (1990).

Remembranza

Cuentan que Zambrano publicó sus primeros artículos y participó en las tertulias de las mujeres más avanzadas de aquellos años: Maruja Mallo, Concha Albornoz, Rosa Chacel, Concha Méndez, entre otras. También se relacionó con escritores como Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala, Ramón Valle-Inclán y Luis Jiménez de Asúa.

Fue enérgicamente opuesta a la dictadura de Primo de Rivera, por lo que tuvo una activa participación en su derrocamiento en 1930. En ese año publicó su primer libro, Horizonte del liberalismo.

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Ella, como muchos jóvenes intelectuales, rechazó el golpe de Estado contra el Gobierno de la Segunda República, del 18 de julio de 1936, al tiempo se sumó a la proclamación de la República y participó en las Misiones Pedagógicas.

En su reflexión, se ocupa de los colectivos más vulnerables. Las mujeres que carecían de derechos como el voto, por ejemplo. Recordemos que el voto activo (introducir la papeleta en la urna) quedó como un simple anuncio en España. El voto pasivo (ser electa por estas mismas urnas) se produjo a cuentagotas y en los años siguientes se fueron sumando alcaldesas en algunos otros pequeños pueblos, pero no fue hasta 1969 que una mujer -Pilar Careaga- estuvo en Bilbao al frente de una asamblea principal.

La proclamación de la Segunda República (1931-1939) generó grandes esperanzas por desplegar una nueva oleada de derechos sociales, civiles y políticos. La Guerra Civil y la posterior dictadura acabaron con el sufragio universal democrático y no fue hasta las elecciones generales de junio de 1977, cuando se dejó atrás el régimen franquista, que se recuperó este derecho de la mujer.

La escritora no se distrajo y publicó nuevos artículos en los que se perfila el germen de su lógica del sentir, un método que la distancia de la razón vital de su maestro Ortega. Profundizó en sus lecturas de Spinoza, Kant, Husserl, Hegel y Nietzsche. Igualmente decisivos -para el desarrollo de su comprensión de la mística- fueron entonces el filósofo sufi Ibn Arabi, sabio musulmán andalusí y Louis Massignon, un arabista e islamólogo francés.

La escritora María Zambrano estuvo activa frente a la situación de los jóvenes, los obreros y campesinos, como también dedica atención a colectivos que carecían de voz en la opinión pública. A partir de las experiencias y el intenso estudio, su pensamiento va a ir evolucionando hacia la idea de que la persona se convertirá en el paradigma de la dignificación y la convivencia humana.

Ella, como muchos jóvenes intelectuales, rechazó el golpe de Estado contra el Gobierno de la Segunda República, del 18 de julio de 1936, al tiempo se sumó a la proclamación de la República y participó en las Misiones Pedagógicas.

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Zambrano, segunda de izquierda a derecha (sentada), junto a otros intelectuales y creadores de la época.

El fin de la monarquía borbónica puso de manifiesto la existencia de un entorno rural empobrecido y mal comunicado, altos índices de analfabetismo y la exposición de núcleos urbanos poblados e industrializados, donde se asentó la pequeña burguesía.

Su postura política, reivindicativa y combatiente aspira a una España republicana. En el umbral de la guerra civil, María milita con los republicanos y afronta los peligros que ello implica. Reflexiona ante los inmediatos sucesos que vaticinan un viraje fascista de la vieja Europa.

Desde 1987 se creó en Vélez-Málaga la Fundación María Zambrano, a la cual legó su archivo y biblioteca, desde donde se da a conocer el inmenso legado de la pensadora. Para 1988 es la primera mujer a la que se le concede el Premio Cervantes, siendo reconocida por su faceta intelectual y humanística.

Tras su fallecimiento en Madrid el 6 de febrero de 1991, le fue cumplido el deseo de ser enterrada en su pueblo natal (Vélez-Málaga) a la sombra de un limonero. Sobre su tumba aparece la frase de El Cantar de los cantares: “Surge, amica mea, et veni” (Levántate, amiga mía, y ven).

María Zambrano es considerada figura clave del patrimonio cultural y del atractivo turístico de la ciudad de Málaga, de ahí la importancia de continuar trabajando para potenciar su vida y obra, lo cual se ha impulsado recientemente con la recuperación del Centro de Estudios Sobre el Exilio, como un centro de documentación único en España.

María en La Habana

Cuando la treintañera (32 años) María Zambrano arriba a La Habana en 1936, se encuentra con el joven intelectual cubano José Lezama Lima, con apenas 26 años. De inmediato las aspiraciones literarias concuerdan, por lo que se consolida una amistad duradera de mutua admiración.

Antes de seguir rumbo a Chile, en la breve escala de ocho días que hizo en La Habana dijo: “Sentí a Cuba poéticamente, no como cualidad sino como esencia misma. Cuba: mi secreto”.

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Estampa de La Habana que halló durante su visita la intelectual española María Zambrano.

Fue invitada primero por la Institución Hispano-Cubana de Cultura, fundada y dirigida por Fernando Ortiz. María Zambrano ofreció una conferencia sobre la filosofía y personalidad de Ortega y Gasset. Fue el 22 de octubre, invitada por el Lyceum y Lawn Tennis Club, donde desarrolla una actividad intelectual intensa entre amigos que se disputan su presencia y le brindan solidaridad.

A propósito, el Lyceum Club del Vedado, fue una sociedad cultural y deportiva fundada y dirigida por mujeres de alta sensibilidad social, en este recinto la escritora española fue presentada por el profesor de Filosofía Antonio Sánchez de Bustamante. Tras las charlas literarias en el Lyceum Club del Vedado, desarrolla una actividad intelectual intensa entre amigos que se disputan su presencia y le brindan solidaridad.

Ese año fue asesinado el periodista Pablo de la Torriente Brau -el 19 de diciembre de 1936- durante la Guerra Civil española, cuyos restos fueron arrojados a una fosa común junto a otras once personas sin identificar. El escritor fue comisario político del Quinto Regimiento y uno de los renovadores culturales de la década del veinte; mantuvo una trayectoria revolucionaria a través de la lucha antifascista, el internacionalismo y tuvo un activo desempeño en Cuba contra la dictadura de Gerardo Machado (Presidente de Cuba, 1925–1933).

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El periodista cubano Pablo de la Torriente Brau combatió al lado de la República Española y fue comisario político del Quinto Regimiento. Fue asesinado por los fascistas el 19 de diciembre de 1936.

Unos años antes, habían sido invitados a Cuba los escritores Federico García Lorca y Juan Ramón Jiménez. Para María Zambrano, este primer ciclo de conferencias fue dedicado a la presencia de la mujer en la historia de Occidente y la necesidad de atender a su voz en los momentos de crisis. Específicamente se titularon: La mujer en la cultura medioeval, La mujer en el Renacimiento y La mujer en el Romanticismo.

Estas disertaciones elocuentes fueron recibidas con entusiasmo por las mujeres cubanas que reclamaban la equidad social y política y que en 1918 lograron la aprobación de una ley de divorcio, entre las primeras en el ámbito hispánico; en 1934, un año después de España, obtuvieron el derecho al sufragio electoral y en 1940, coincidiendo con la llegada de Zambrano, consagraron sus derechos en la recién aprobada Constitución, recoge en su artículo el ensayista Pio Serrano: “María Zambrano, La Habana en su andar errante”.

Unidos por la simpatía hacia la causa republicana compartida por un numeroso grupo de intelectuales cubanos, la ensayista y profesora, fue acogida con beneplácito entre los cubanas y cubanos.

De su recuerdo del agasajo recibido a su llegada a Cuba, reseñó: “Fue una cena de acogida, más bien nacida que organizada […]. Se sentó a mi lado, a la derecha, un joven de grande aplomo y, ¿por qué no decirlo?, de una contenida belleza, que había leído algo de lo por mí publicado en la Revista de Occidente […]. Era José Lezama Lima. Su mirada, la intensidad de su presencia, su capacidad de atención, su honda cordialidad y medida –quiero decir, comedimiento– se sobrepusieron a mi zozobra; su presencia, tan seriamente alegre, tan audazmente asentada en su propio destino, quizá me contagió” (Zambrano, 2017, p 237).

Participa en el II Encuentro Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, donde comparte -entre otros- con los intelectuales cubanos Juan Marinello, Nicolás Guillen, Félix Pita Rodríguez y Alejo Carpentier.

Luego partirá rumbo a México, a impartir clases en las universidades de la nación azteca, donde afianza lazos con Alfonso Reyes y con el poeta español León Felipe, exiliado en tierra mexicana. Invitada, junto a su familia, por la Casa de España en México, es destinada a la Universidad de Morelia, donde publica uno de sus textos centrales, Filosofía y vida, esencial para la comprensión de su razón poética.

A María le gustaba La Habana, porque regresa en 1940, esta vez invitada a impartir un curso en la Universidad. Para entonces vuelve a contactar con Lezama, un intelectual que ya a mediados de 1937, había publicado el ensayo “El Secreto de Garcilaso” en el primer número de la revista Verbum. Poco tiempo después el poema “Muerte de Narciso”.

En realidad el escritor cubano era muy conocido; desde entonces se apropiaba de un estilo muy característico, manifesto en esos escritos de forma regular y constante, en varios medios impresos de la isla.

Algo que también lo acercó a la Zambrano, por el diálogo intenso y profundo con el movimiento de las Artes plásticas de la nueva generación artística de la isla y con el campo intelectual universitario, relaciones nada desdeñables para la invitada española.

El movimiento intelectual en Cuba era efervescente y trazaba las coordenadas de sus preocupaciones culturales y sociales. Ella se suma al grupo de Lezama, que redactaba la
revista Espuela de plata y que después fundaría la revista Orígenes. Aquí publicó sus textos, y en la imprenta habanera La Verónica, donde se editaron dos folletos suyos.

En La Habana del 15 al 22 de noviembre [1941] se celebró la Segunda Conferencia Americana de Comisiones de Cooperación Intelectual, donde también interviene María Zambrano. El evento que aborda la situación política mundial, tiene a su favor un gran número y calidad de las representaciones latinoamericanas allí reunidas, con la presencia de eminentes intelectuales europeos desterrados de sus patrias, entre quienes se consideraba a la intelectual española.

José María Chacón y Calvo, director del Ateneo de La Habana y director de Cultura de la Secretaría de Educación, invitó a Zambrano para que impartiese en el Ateneo un ciclo de conferencias sobre “La mística española: san Juan de la Cruz” y un curso compuesto por cinco lecciones sobre “Los orígenes de la ética”.

El poeta Pío Serrano, precisa que también este curso incluía una sesión titulada, “Ortega y Gasset y el pensamiento español”, y Zambrano pidió a Chacón que la eximiese de la misma: “[…] ha llegado a mí la posición franquista de Ortega y ya es algo muy por encima de mis fuerzas el hablar sobre él. No me lo imagino. ¿Qué quiere usted? Al lado de ellos no puedo componer su figura, tan venerada, junto con tanta y triste vaciedad espiritual”. (Dosil, 2010, pp. 134-135).

De viaje a la capital puertorriqueña, invitada por la Asociación de Mujeres Graduadas de la Universidad de Río Piedras, es recibida por el rector Jaime Benítez, por la infatigable gestora cultural Nilita Vientós, el ensayista Tomás Blanco, el antropólogo Ricardo Alegría, entre otros intelectuales.

Posteriormente retorna a la capital de Cuba, donde recibió la noticia de la muerte de su madre, en 1946, un hecho que la llevó a atravesar el Atlántico rumbo a su patria.

Volvió después a La Habana, para permanecer una larga temporada entre 1949 y 1953. Su última estancia cubana fue breve, en 1954, acompañada por su hermana Araceli.

Así la recuerda. “Cruzadas las piernas, blanca la falda, negro el elegante chalequito escogido para hoy, en la mano su larga boquilla. Aguarda a que Lezama termine una vasta disertación para refutarlo con tanta lucidez como cariño”, dijo acerca de ella el poeta cubano Eliseo Diego.

Alcanzó el Premio Príncipe de Asturias en 1981. Siete años después fue honrada con el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, concedido anualmente por el Ministerio de Cultura de España a propuesta de la Asociación de Academias de la Lengua Española. El reconocimiento nos confirma su contribución a las letras españolas.

“En La Habana recobré mis sentidos de niña, y la cercanía del misterio, y esos sentires que eran al par del misterio y de la infancia, pues todo niño se siente desterrado. Por eso quise sentir mi destierro allí donde se me ha confundido con la infancia. Gracias por tenerme presente, por no sentirme lejos ni perdida, por saberme de ustedes en modo muy cercano”, según aparece en Arcos, 1996, p. 234, de la carta de María a Lezama.

Y Lezama (1998, pp. 295-296), contesta: “Si, a sus recuerdos de su infancia de Málaga, se unen los del primer día de su llegada a La Habana, donde tuve la alegría de conocerla, todos nos sentimos en buena dicha, en recuerdo disfrutado por adelantado, casi en su magia de adelantarse a la formación de ese recuerdo, el que llega y conoce al que ha llegado, paraíso y abeja, recuerda siempre ese punto alegre de coincidencia en el prodigio de las islas».

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Años después, José Lezama Lima -quien conoció a Zambrano en la capital cubana- contó: “Si, a sus recuerdos de su infancia de Málaga, se unen los del primer día de su llegada a La Habana, donde tuve la alegría de conocerla, todos nos sentimos en buena dicha, en recuerdo disfrutado por adelantado…».

A su eco se unen Gastón Baquero –«¿Y qué olvidar de aquella manera tan suave pero profunda, acerada, que posee María Zambrano para explicar un texto de filosofía griega o una visión de Séneca?»–, Cintio Vitier –«No solo en ella se aliaban sentir y pensar, sino también creer y pensar, pensar y sufrir»–, Fina García Marruz –«Nunca he oído dar clases así, ya que no “exponía” un pensamiento sino que lo transparentaba, como un cristal»– y Eliseo Diego –«Nos reuníamos en torno a nuestra María, solo por el placer de escucharla. Hasta el propio José Lezama Lima callaba para oírla”.

El ensayo-reseña «La Cuba secreta» argumenta sin equívocos su modo de leer, entendida tal artesanía como definitoria de la inteligencia, deslinde clave para saber dónde debe ir cada intelectual. Así lo supo caracterizar Virginia Woolf –tan admirada por la filósofa malagueña– en sus ensayos recogidos en The Common Reader. Porque si un texto identifica parte de la influencia de María Zambrano en la cultura en Cuba es precisamente este fajo de escasas cuartillas, comenta el narrador cubano José Prats Sariol.

Íntimamente ligada a la vida cultural cubana, quedó María Zambrano en el recuerdo de su escritura y viajes a La Habana, entre 1936 y 1953, como una huella profunda en todos los que la conocieron.

Autor: teleSUR - Rosa María Fernández